La Historia del Rosario

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En el siglo XIII un creciente número de hombres se unió a la obra apostólica de Domingo de Guzmán y, con la aprobación del Santo Padre, Domingo formó la Orden de Predicadores (mas conocidos como Dominicos). Con gran celo predicaban, enseñaban y los frutos de conversión crecían. A medida que la orden crecía, se extendieron a diferentes países como misioneros para la gloria de Dios y de la Virgen.

Infestando la herejía albigense el sur de Francia con gran daño de las almas, es piadosa creencia que Santo Domingo de Guzmán, viendo los escasos frutos de conversión que producía con sus predicaciones, impetró de la Santísima Virgen María un método o medio de obtener resultados, más positivos y duraderos.

Inspirado por la Madre de Dios

La misma Madre de Dios inspiró al santo esta devoción, que tan maravillosamente armoniza las verdades más fundamentales de la Vida de Nuestro Señor Jesucristo y los misterios más transcendentes de su Santísima Madre, con la sencilla recitación del Padrenuestro y Avemaría.

Los resultados fueron maravillosos. Y pronto se hizo popular esta devoción.

Es necesario revivir esta devoción

El rosario se mantuvo como la oración predilecta durante casi dos siglos. Cuando la devoción empezó a disminuir, la Virgen se apareció a Alano de la Roche y le dijo que reviviera dicha devoción. La Virgen le dijo también que se necesitarían volúmenes inmensos para registrar todos los milagros logrados por medio del rosario y reiteró las promesas dadas a Santo Domingo referentes al rosario.

Posteriormente, el Beato Alano de la Roche fijó definitivamente la forma de rezarlo y a él confió la Santísima Virgen unas gracias para los que todos los días ofrezcan este obsequio al Corazón amantísimo de Nuestra Madre.

Arma poderosísima contra el mal

Los Sumos Pontífices han enriquecido esta devoción con las gracias y privilegios (indulgencias) más extraordinarios.

Son numerosos los santos que han estimado y propagado esta devoción.

La Virgen María le dijo al Beato Alano de la Roche que el rosario era un arma poderosísima para extirpar las herejías, un instrumento el más apto para arrancar los vicios y plantar las virtudes y un medio seguro para alcanzar la misericordia de Dios.  

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