Los Papas y San José

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Beato Pio IX (1846-1878)

El Pontífice Pío IX declaró oficialmente a san José Patrono y Protector de la Iglesia universal.

En un Breve fechado el 7 de julio de 1871, Inclytum Patriarcham, da a conocer al mundo entero su decisión; recuerda lo que sus predecesores, y él mismo, han hecho para promover la devoción de los fieles a san José; hace ver que las persecuciones sufridas por la Iglesia en los últimos tiempos provocaron un acrecentamiento de confianza en la protección de san José. El comienzo de este Breve Inclytum Patriarcham es de gran importancia:

«El ilustre Patriarca, el bienaventurado José, fue escogido por Dios prefiriéndolo a cualquier otro Santo para que fuera en la tierra el castísimo y verdadero esposo de la Inmaculada Virgen María, y el padre putativo de Su Hijo único. Con el fin de permitir a José que cumpliera a la perfección un encargo tan sublime, Dios lo colmó de favores absolutamente singulares, y los multiplicó abundantemente. Por eso, es justo que la Iglesia Católica, ahora que José está coronado de gloria y de honor en el cielo, lo rodee de magníficas manifestaciones de culto, y que lo venere con una íntima y afectuosa devoción».

El Papa pide «que el pueblo cristiano se acostumbre a implorar, con gran piedad y profunda confianza, a san José al mismo tiempo que a la Virgen María». Esta práctica es de las más agradables a Nuestra Señora. La devoción a san José está ya ampliamente extendida, pero el Papa cree que es deber suyo estimular a los cristianos para que esta devoción «se enraíce profundamente en los usos de la tradición católica, pues esto es de una  extrema importancia».

Al declarar a san José Patrono de la Iglesia universal, Pío IX no hizo más que expresar el sentimiento del pueblo cristiano y, al mismo tiempo, continuar la enseñanza de sus predecesores. Sus sucesores hicieron otro tanto.

 

León XIII (1878-1903)

El 15 de agosto de 1889, el papa León XIII publicó la encíclica Quamaquam pluries en la que abordaba el tema de la crisis por la que atravesaba la Iglesia:  “Ahora, Venerables Hermanos, ustedes conocen los tiempos en los que vivimos; son poco menos deplorables para la religión cristiana que los peores días, que en el pasado estuvieron llenos de miseria para la Iglesia. Vemos la fe, raíz de todas las virtudes cristianas, disminuir en muchas almas; vemos la caridad enfriarse; la joven generación diariamente con costumbres y puntos de vista más depravados; la Iglesia de Jesucristo atacada por todo flanco abiertamente o con astucia; una implacable guerra contra el Soberano Pontífice; y los fundamentos mismos de la religión socavados con una osadía que crece diariamente en intensidad.”

Aprobó el Escapulario de San José en 1893.

El Sumo Pontífice instó a los católicos a rezar a san José, como patrón de la Iglesia: “Y puesto que, más aún, es de gran importancia que la devoción a San José se introduzca en las prácticas diarias de piedad de los católicos, Nos deseamos exhortar a ello al pueblo cristiano por medio de nuestras palabras y nuestra autoridad. Las razones por las que el bienaventurado José debe ser considerado especial patrono de la Iglesia, y por las que a su vez, la Iglesia espera muchísimo de su tutela y patrocinio, nacen principalmente del hecho de que él es el esposo de María y padre putativo de Jesús. De estas fuentes ha manado su dignidad, su santidad, su gloria. Es cierto que la dignidad de Madre de Dios llega tan alto que nada puede existir más sublime; mas, porque entre la santísima Virgen y José se estrechó un lazo conyugal, no hay duda de que a aquella altísima dignidad, por la que la Madre de Dios supera con mucho a todas las criaturas, él se acercó más que ningún otro.”

Asimismo, León XIII dispuso que durante el mes de octubre, se añadiera al rezo del Rosario una oración a San José  y concedió indulgencia parcial (Manual de Indulgencias, conc. 19) cuando dicha oración se agrega al final del Rosario. Se puede rezar después del acostumbrado Salve Reina y las oraciones finales.

 

Benedicto XV (1914 -1922)

Benedicto XV lanzó el Motu Proprio Bonum Sane et Salutare, el 25 de julio de 1920, después de la primera guerra mundial, en el que exhortaba a todos los obispos del mundo a celebrar el cincuentenario del patronazgo de San José y propone al Santo Patriarca como remedio a los males del naturalismo, la relajación moral y socialismo.

“Por la misma razón, para retener en su deber a todos los hombres que se ganan el sustento por sus fuerzas y su trabajo donde quiera vivan, y conservarlos inmunes del contagio del socialismo que es el enemigo más acérrimo de la sabiduría cristiana, ante todo les proponemos fervorosamente a San José para que lo elijan como guía particular de su vida y lo veneren como patrono.

Pues, él pasó, sus años llevando un género de vida similar al de ellos; y por esta misma razón, Cristo-Dios, siendo como era el Unigénito del eterno Padre, quiso ser llamado Hijo del Carpintero. Pero con ¡cuántas y cuán eximias virtudes adornó la humildad del lugar y de la fortuna, especialmente con aquéllas que correspondían a aquel que era esposo de MARÍA Inmaculada y que se tenía por el padre de Jesús, Nuestro Señor!

Por esto, aprendan todos en la escuela de San José a mirar todas las cosas que pasan bajo la luz de las cosas futuras que permanecen y, consolándose, por las incomodidades de la humana condición, con la esperanza de los bienes celestiales, a encaminarse hacia ellos, obedeciendo a la voluntad de Dios, conviene a saber: viviendo sobria, recta y piadosamente.”

“Si crece la devoción a San José, el ambiente se hace al mismo tiempo más propicio a un incremento de la devoción a la Sagrada Familia, cuya augusta cabeza fuera: una devoción brotará espontáneamente de la otra. Pues, JOSÉ nos lleva derecho a María, y por María llegamos a la fuente de toda santidad, a JESÚS, quien por su obediencia a José y María consagró las virtudes del hogar.

Deseamos que las familias cristianas se renueven a fondo y se hagan conformes a tantos ejemplos de virtudes como ellos practicaron. Por cuanto la comunidad del género humano se ha fundado sobre la familia se inyectará, bajo la universal influencia de la virtud de Cristo, cierto nuevo vigor y una como nueva sangre en todos los miembros de la sociedad humana, cuando la sociedad doméstica, comunidad, pues, más religiosamente de castidad, concordia y fidelidad, goce de una mayor firmeza; y de allí no sólo seguirá la enmienda de la costumbres de los particulares sino también la de la vida común y del orden civil.”

“Dado que esta Sede Apostólica ha aprobado varios modos de venerar al Santo Patriarca, ante todo, cada miércoles del año y por un mes entero determinado, deseamos que, bajo la insistente admonición del Obispo, se practiquen todos ellos de ser posible, en todas las Diócesis, en especial, empero, incumbe a Nuestros Venerables Hermanos apoyar y fomentar con todo el peso de su autoridad e interés las asociaciones piadosas, como la de la Buena Muerte, la del Tránsito de San José y la de los Agonizantes, las cuales fueron fundadas para implorar a San José por los agonizantes, porque con razón se considera a aquel como eficacísimo protector de los moribundos a cuya muerte asistieron el mismo Jesús y María.

Para perpetua memoria, empero, del Decreto Pontificio que arriba mencionamos, ordenamos y mandamos que dentro del año que comienza a correr el 8 de Diciembre próximo, se hagan en todo el orbe católico solemnes súplicas, en el tiempo y modo que parezca mejor a cada Obispo, en honor de San José, Esposo de la Santísima Virgen y Patrono de la Iglesia Católica.

Todos cuantos asistan a ellas podrán ganar para sí una indulgencia de sus pecados, bajo las acostumbradas condiciones.”

Pio XII (1929 -1958)

La Fiesta de San José Obrero, fue instituida en 1955 por el Siervo de Dios, Papa Pío XII, ante un grupo de obreros reunidos en la Plaza de San Pedro en el Vaticano. Se celebra el 1 de mayo, que coincide con el Día Internacional del Trabajo.

El Santo Padre pidió en esa ocasión que “el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias”.

Pío XII quiso que el Santo Custodio de la Sagrada Familia “sea para todos los obreros del mundo, especial protector ante Dios, y escudo para tutela y defensa en las penalidades y en los riesgos del trabajo”.

San Juan XXIII (1958 -19638)

Dedicó la Carta Apostólica Le Voci a San José, el 19 de marzo de 1961, antes de inaugurar el Concilio Vaticano II.

¡Oh San José! Aquí está tu puesto como Protector universalis Ecclesiae. Hemos querido ofrecerte… una corona de honor como eco de las muestras de afectuosa veneración que ya surgen de todas las naciones católicas y de todos los países de misión. Sé siempre nuestro protector. Que tu espíritu interior de paz, de silencio, de trabajo y oración, al servicio de la Santa Iglesia, nos vivifique siempre y alegre en unión con tu Esposa bendita, nuestra dulcísima e Inmaculada Madre, en el solidísimo y suave amor de Jesús, rey glorioso e inmortal de los siglos y de los pueblos. ¡Así sea!

San Juan Pablo II (1978 -2005)

El 15 de agosto de 1989, al cumplirse el centenario de la Encíclica Quamquam pluries de León XIII, el papa San Juan Pablo II le dedicó la exhortación apostólica Redemptoris Custos -“Custodio del Redentor”-, considerada por muchos, la carta magna de la teología de San José.

En este documento, que tiene la singularidad de no concluir con la “bendición apostólica”, como suelen terminar todos los documentos pontificios,  sino con la súplica a San José para que bendiga a la Iglesia, el Papa hace suyo un rico tesoro doctrinal en el que destaca la ratificación de aquel pensamiento de San Pablo VI que pone a San José y la Virgen en el comienzo de la Obra Divina de la Redención de la humanidad, con lo que definía a San José, por primera vez, como el “nuevo Adán”, en el principio de los caminos del Señor.

Así comienza la exhortación apostólica: «Llamado a ser el Custodio del Redentor, “José… hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer” (Mt 1, 24).

Desde los primeros siglos, los Padres de la Iglesia, inspirándose en el Evangelio, han subrayado que san José, al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo.

En el centenario de la publicación de la Carta Encíclica Quamquam pluries del Papa León XIII, y siguiendo la huella de la secular veneración a san José, deseo presentar a la consideración de vosotros, queridos hermanos y hermanas, algunas reflexiones sobre aquél al cual Dios “confió la custodia de sus tesoros más preciosos”. Con profunda alegría cumplo este deber pastoral, para que en todos crezca la devoción al Patrono de la Iglesia universal y el amor al Redentor, al que él sirvió ejemplarmente.

De este modo, todo el pueblo cristiano no sólo recurrirá con mayor fervor a san José e invocará confiado su patrocinio, sino que tendrá siempre presente ante sus ojos su humilde y maduro modo de servir, así como de «participar» en la economía de la salvación.

Considero, en efecto, que el volver a reflexionar sobre la participación del Esposo de María en el misterio divino consentirá a la Iglesia, en camino hacia el futuro junto con toda la humanidad, encontrar continuamente su identidad en el ámbito del designio redentor, que tiene su fundamento en el misterio de la Encarnación.

Precisamente José de Nazaret «participó» en este misterio como ninguna otra persona, a excepción de María, la Madre del Verbo Encarnado. Él participó en este misterio junto con ella, comprometido en la realidad del mismo hecho salvífico, siendo depositario del mismo amor, por cuyo poder el eterno Padre “nos predestinó a la adopción de hijos suyos por Jesucristo” (Ef 1, 5).»

Francisco (2013)

El Papa Francisco el 8 de diciembre de 2020 promulgó la carta apostólica Patris Corde con ocasión del 150 aniversario de la declaración por Pío IX, el 8 de diciembre de 1870, de San José como Patrono de la Iglesia Universal.  Declaró un Año de San José, desde el 08/12/2020 al 08/12/2021.

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