Las Quince Promesas de la Virgen

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El rezo del Santo Rosario mantuvo su fervor por cien años después de la muerte de Santo Domingo y empezó a ser olvidado. Hasta que en 1349 hubo en Europa una terrible epidemia de peste a la que se le llamó ‘la peste negra’, en la que murieron miles de personas. Fue entonces cuando el fraile Alano de la Roche, superior de los dominicos en la misma provincia de Francia en donde había comenzado la devoción del Rosario, tuvo una aparición en la cual Jesús, la Virgen María y Santo Domingo le pidieron que reviviera la antigua costumbre del rezo del Santo Rosario.

La Virgen le dijo también que se necesitarían volúmenes inmensos para registrar todos los milagros logrados por medio del rosario y reiteró las promesas dadas a Santo Domingo referentes al rosario.

El padre Alano comenzó esta labor de propagación junto con todos los frailes dominicos. A partir de entonces, esta devoción se extendió por toda la Iglesia.

15 Promesas de Nuestra Señora, Reina del Rosario, tomadas de los escritos del Beato Alano:

  1. El que me sirva, rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.
  2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
  3. El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.
  4. El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina, sustituirá en el corazón de los hombres el amor de Dios al amor del mundo y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!
  5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.
  6. El que con devoción rezare mi Rosario, considerando sus misterios, no se verá oprimido por la desgracia ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá, si es pecador, perseverará en la gracia, si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna.
  7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los auxilios de la Iglesia.
  8. Quiero que todos los devotos de mi Rosario tengan en la vida y en la muerte la luz y la plenitud de la gracia y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.
  9. Libraré pronto del purgatorio a las almas devotas del Rosario.
  10. Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.
  11. Todo lo que se pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
  12. Socorreré en todas su necesidades a los que propaguen mi Rosario.
  13. Todos los cofrades del Rosario tendrán por hermanos en vida y en la muerte a los bienaventurados del cielo.
  14. Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi unigénito Jesús.
  15. La devoción al Santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.

Reza el Rosario todos los días.

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