San José, Esposo de la Virgen

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“El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una Virgen, desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la Virgen se llamaba María” (Lc 1, 26-27). En el relato de la Anunciación, al lado de la Virgen Santísima aparece su esposo, José.

Dada la grandeza de su vocación en la protección, sustento y cuidado de Jesús y Nuestra Madre Santísima, como cabeza de la Sagrada Familia, podemos pensar que Dios dotó a San José de una gracia proporcionalmente extraordinaria para llevar a cabo tan noble misión. 

Si fijamos la mirada en la vida de cualquier otro santo, siempre encontraremos hechos poco comunes. Sin embargo, en San José, nada destaca en particular  Su vida estaba oculta en Dios. El marco de su vida era lo corriente, lo sencillo, lo de cada día. Vivió cumpliendo con fidelidad y rectitud el deber de cada día. ¿Sabes cuál fue el apostolado de San José? Amar, amar mucho.

Y así se hizo merecedor de muchos títulos:

San José, el esposo de María, el Vicario del Padre Dios para con Jesús.

San José, el hombre “justo” (Mt 1, 19), que en laborioso silencio provee a las necesidades de toda la familia.

San José, en quien la Tradición ha visto al Patrono y Protector de la Iglesia, a la que acompaña y protege, la defiende de los peligros y la sostiene en las luchas y sufrimientos.

San José,  modelo incomparable, después de Jesús, de la santificación del trabajo corporal. La Iglesia lo presenta como prototipo sublime de los trabajadores manuales.

San José, Defensor de la Vida: Lo encontramos en los orígenes junto a la cuna del Niño Dios y en la huida a Egipto. Y lo encontramos en nuestra cabecera a la hora de la muerte: San José, Patrono de la buena muerte.

Acerquémonos confiados al Santo Patriarca porque en sus manos está la Gracia de todo bien: Jesús.

Innumerables cosas podríamos decir de él, pero que sea el Magisterio de los Papas, la enseñanza de los santos y la piedad de los grandes devotos de San José quienes nos muestren y enseñen los portentos de este Padre y Guía de nuestras almas.

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